Otro de mis intentos de escritor es una pareja de microcuentos (en realidad no sé si puedan ser catalogados como cuentos propiamente tal) que funcionan como una especie de simbiosis. Aquí quedan registrados para la posteridad, aunque me gustaría volver a ahondar en su temática de una manera más fructífera.
Soliloquio
Yo, alma errante, exiliada del progreso, sentenciada a vagar por un mundo adscrito a diversas tonalidades de gris, privada de saborear el éxtasis inherente al paso del tiempo, otoño o primavera, pisando las hojas secas de una entre tantas universidades, así como tantos otros, sin conocer más amor que aislados gestos de indiferencia.
Yo, vislumbro tu silueta cada día, alejándose de mí, despojándome de aquella infantil ilusión de un despertar mejor. Tan sólo aprietas el paso, de una vacía vida burguesa, y con cada pasome condenas ¡oh! negro augurio, a ser la peste de tu "moderna" civilización.
La peste
Pruebas, cuentas, deudas, el sutil arte de la procrastinación, encerrado en un tétrico cubículo, a escasos centímetros de una imprecisa mampara que me separa del mundo, de mis propios pensamientos incluso, que no me pertenecen, en un lugar foráneo, inhóspito.
Corrí atrasado a clases aquel día, tu elocuente cola y aquella triste mirada baja se abrieron paso entre prados y muros de concreto, para un corazón que se hallaba cerrado hasta entonces, poco importó la semiología minutos más tarde.
Hoy recuerdo tu mirada devastadora, de solitarias andanzas.
Hoy soy la peste.
Todos lo somos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario