¿Cómo comenzar a armar este blog sobre comentarios de música?, ¿qué disco elegir como obra prima? una respuesta probable y bastante cuerda sería empezar por los Beatles y alguna de sus obras maestras, que corresponden a muchos de los puntos más altos en los anales del rock. Pink Floyd, también se asoma como una excelente opción, ya sea en su faceta psicodélica o progresiva, el cuarteto (y/o quinteto) es dueño de muchos de los mejores álbumes jamás grabados. Radiohead, entre lo más contemporáneo, también me sedujo en ciertos momentos (probablemente por ser mi banda favorita). Pero entre los muchos discos y bandas excelentes que ocupan memoria en mi computador, me incliné por esta joyita de la música nacional. Aunque no soy de la idea de apoyar a un artista sólo por ser oriundo de mi país, pues bajo mi perspectiva, el arte, en cualquiera de sus formas (en este caso música) trasciende las barreras y fronteras impuestas por el hombre, y considero que el contenido político, el impacto social, o el contexto histórico de una obra pueden dotarle de cierta riqueza extra, pero la trascendencia está en que la música hable por sí misma. Y este disco de Los Jaivas, sin lugar a dudas, habla por sí mismo, y no voy a llenarlo de flores y elogios (más que merecidos) sólo por ser chileno. Vamos a ver como sale.
En esta obra popularmente conocida como El Indio (el morenazo de la figura) encontramos a Los Jaivas en uno de los momentos más álgidos de su carrera, impregnando toda su esencia de fusión entre rock progresivo y raíces latinoamericanas que le brindan un sabor distinto e inconfundible a su escucha, en comparación con la escena progresiva europea y con la misma música latinoamericana. Discos como este permiten afirmar con todas sus letras que Los Jaivas son una de las mejores bandas chilenas, o derechamente LA MEJOR BANDA CHILENA DE LA HISTORIA (con el permiso de los seguidores de CONGRESO). Y es que encontramos una perfecta mezcla entre influencias de jazz, del rock, del folklore, sonidos de charangos, instrumentos de viento sacados desde la naturaleza misma, de la historia de nuestros pueblos indígenas.
El disco comienza con uno de los clásicos indiscutibles de Los Jaivas, Pregón para iluminarse, así se abre el disco con una tímida pero hermosa flauta que poco a poco comienza a ganar fuerza, con notas más agudas, progresiones, armonías y el acompañamiento de un sutil piano, para desembocar en un ritmo poderoso, en donde las flautas demuestran todo su potencial en compañía de la batería y el charango, en donde se entremezclan en ocasiones, como bailando. A partir de este inicio majestuoso se construye la canción, que poco tiene para demostrar aparte del inicio instrumental, no es que desmerezca lo venidero, pues las armonías vocales están muy bien logradas, junto al piano siempre impecable de Claudio Parra y al bajo convencional pero sutil de Mario Mutis, no obstante la canción se desarrolla de manera más o menos pareja, continúa con la pegajosa letra que está en la retina de cada chileno (estúpida y sensual sinestesia) VENGO DE LA CORDILLERA AL MAAAAAR, y el mítico HAGASE LA LUZ.... Alejándonos de la letra y el comienzo instrumental, son también dignos de reconocimiento los cambios en la tonalidad y en los acordes, que de la mano del bajo y la batería le brindan movilidad a la canción, que no se estanca a pesar de tener un ritmo similar en toda su duración, y cada gancho jamás suena fuera de lugar. La canción continúa hasta que llegamos al solo de guitarra clásico en Los Jaivas, que deja un sabor bastante agradable, sobre todo al inicio, donde se alza sutil en compañía de una percusión tenue antes de mover cielo, mar y tierra con su ritmo inigualable, todos los instrumentos se vuelven locos (mención de honor al piano), todos bailan, todo es fiesta, y la canción termina de manera correcta con una progresión de notas tocadas en distintos tonos.
Después de esta canción ícono de Los Jaivas, viene la que es por lejos una de las mejores canciones grabadas por la agrupación chilena, junto a La Poderosa Muerte del disco Alturas de Machu Picchu, por desgracia es también una canción que para el público chileno pasa casi desapercibida, motivo por el cual se escucha rara vez en algún concierto. La canción abre con sonidos exóticos y pianos escalofriantes dignos de un buen disco de prog (me resulta casi obligatorio encontrarle una similitud con la canción Los elementos de Congreso) para dar paso a un delicioso arpegio de guitarra que se acompaña luego de un piano aún más delicioso, cuando ya ha transcurrido cerca de un minuto de la canción somos espectadores de una de las más hermosas melodías logradas entre un piano y una guitarra, una progresión envidiable, pero Los Jaivas no conformes con eso, introducen unos vientos impecables para completar la armonía, como es costumbre, la canción luego se baña de un ritmo bastante movido, acompañado de un teclado digitando una melodía que incita a mover el esqueleto, de manera similar a lo que ocurría en pregón para iluminarse, pasamos de melodías hermosas a un ritmo envidiable, sin perder jamás la sutileza, pero este estilo alcanza niveles de mayor esplendor en Guajira Cósmica, el tema en cuestión, con una progresión mayormente elaborada y un ritmo que pareciera ser un nuevo estilo, una nueva raíz musical. A diferencia de la composición que le precede, la canción continúa de manera aún más magistral, con un Gato Alquinta en su mejor momento vocal, acompañado de una percusión casi enfermiza, brillante, y unos teclados que entran y salen sin aviso, como improvisando, con un sonido simplemente exquisito, la canción va tomando cada vez más pulso, más energía, se acompaña de flautas, teclados, pianos que hacen de las suyas cuando quieren, y una voz que es cada vez más penetrante, si Pregón para iluminarse era una especie de fiesta, Guajira Cósmica es como un ritual sagrado, y las voces se alzan en conjunto: LOS CIELOS SON COMPARTIDOS, POR SOLES VAGABUNDOS, todos se lucen nuevamente, la canción finaliza de manera poco convencional, si se tiene en cuenta la forma en que se iba desarrollando, lo más fácil hubiese sido simplemente disminuir el volumen hasta alcanzar el silencio, pero se intentó algo distinto, y se agradece, si bien la fórmula es un tanto parecida a la mencionada recientemente, con el ritual perdiendo volumen progresivamente al ser tragado por sonidos electrónicos, el hecho de volver al arpegio inicial, con un teclado distinto, más eléctrico, le brinda un carácter cíclico a la canción que es imposible pasar por alto. Recomiendo la versión en vivo interpretada por Aurora Alquinta, la hija del Gato, con un arreglo de saxofón que es sin titubeos, un deleite para los oídos.
La Conquistada es una canción al estilo de Mira niñita, nada nuevo, pero sin lugar a dudas una hermosa canción, con el piano llevando la batuta, un sonido bastante armónico, que es acompañado de una enérgica batería, mención honorífica se lleva la sección en que las cuerdas del charango toman el control de la canción, mientras se canta casi como un susurro Suaves caricias, tierno desvelo, sección que volveremos a escuchar casi al final de la canción con En el horizonte de mi mente se ha escondido el sol, ayudando a dar un poco de matices a la canción, que no deja de ser hermosa y un ícono en cuanto a canciones de Los Jaivas se refiere.
Un mar de gente es la pieza que continúa con el álbum, y si bien, no es una de las mejores canciones que se puede encontrar en el disco resulta bastante interesante, por el giro que nos presenta, pues en un principio se nos muestra esta canción como una especie de trova, nada fuera de lo común, impregnada con raíces folklóricas y una guitarra acompañando con arpegios al cántico, de apoyo un bajo predecible, y una flauta para armonizar en ocasiones. Sin embargo, en concordancia con la letra que se nos presenta (Navegando el eco de la multitud) se escucha una multitud que abre paso a un desenfreno de percusiones que se toman la canción y permiten retomar la letra con un ritmo de carnaval, que a pesar de ser recurrente en el estilo de Los Jaivas, nos toma completamente por sorpresa en esta canción en particular.
Un día de tus días sigue un poco con la lógica de un mar de gente, no porque haya un espacio de desenfreno total, sino porque continúa un poco con la canción más convencional y folklórica, la percusión es precisa, lo que se requiere para una canción así, y en ese sentido Los Jaivas son muy inteligentes a la hora de elegir calma o energía, para que el charango decida casi al final cambiar el rumbo de la canción. Las dos canciones mencionadas recientemente puede que no sean algo totalmente novedoso o distinto, pero no por eso dejan de ser grandes composiciones, no representan para nada un relleno en lo que respecta al disco, pues están bañadas de buen gusto musical, de un folklore que destila belleza por cada uno de sus poros, del mismo modo en que lo hacen canciones como Luchín de Víctor Jara o Los Momentos de Eduardo Gatti.
Terminamos con Tarka y Ocarina, una especie de suite instrumental de 13 minutos divida en diablada, trote y kotaiki (sinceramente no sé que significa cada una de esas partes, ni como diferenciarlas). Nos encontramos con unos sonidos casi aborígenes que se continúan con el momento más rockero del album, bandas de Stoner Rock, y otras alternativas modernas de psicodelia como Liquid Sound Company y Earthless tienen mucho que envidiarle a la potencia y desenfreno de los primeros minutos de este TEMÓN, sonidos avasalladores de guitarra y bajo distorsionados, con una percusión digna de un solo en vivo de Cream o de los Allman Brothers, la banda dando rienda suelta a las ideas más rockeras que llevaban a cabo en sus inicios, cuando aún no definían un rumbo musical a seguir (para más información, escuchar el conjunto de CD's La Vorágine), pero como no estamos escuchando el Wheels of Fire de Cream o el Fillmore East de los Allman Brothers (un excelente disco en vivo a propósito), no todo podía ser un solo desenfrenado de guitarra, estamos ante Los Jaivas, quienes nos preparan entonces para adentrarnos a una gran sección de piano, donde tenemos nuevamente a Claudio Parra haciendo de las suyas, como mediador entre la furia inicial y la calma venidera, con un piano a comienzos agresivo y que va cediendo el paso a una melodía más calmada con una progresión que se acompaña en instancias de una flauta magnífica, pero que no alcanza para dejar en segundo plano al piano, y que se va tornando cada vez más tensa (algo así como una película de suspenso) para volver nuevamente a la ira y el desenfreno, la canción continúa jugando así entre la calma y la tempestad, dándonos momentos instrumentales espectaculares, entre ellos un solo de batería hipnótico y el final hermoso en donde armonizan melodías de arpas caídas del cielo con instrumentos de viento que florecen de paisajes paradisíacos y notas de piano que evocan los mejores momentos de la música docta, una música que alcanza una dulzura incomparable, pocas veces vista, para cerrar uno de los mejores momentos en la música chilena y mundial.
9/10
He aquí el disco para su disfrute